Tengo celulitis desde los veintitantos.
Piel de naranja. Hoyitos. Muslos, caderas, cartucheras.
Da igual que siempre he sido relativamente delgada. Da igual que hago ejercicio. Da igual que como bien, tomo agua, duermo mis horas.
La celulitis sigue ahí.
Y con ella, una lista de cosas que dejé de hacer.
No uso shorts. No uso faldas. El bikini está completamente fuera de cuestión.
En verano — con 35 grados — sigo usando jeans largos. Si vamos a la playa, voy tapada. Si mi pareja quiere que apaguemos la luz, mejor.
Eso es lo que la vergüenza corporal te hace.
Encoge tu vida.
"No puedo usar shorts, faldas o bikini. A cada momento te sientes mal con tu situación. Tú quieres verte linda para tu novio o tu esposo o para ti misma. No es justo que estemos viviendo así."
Lo peor no es la celulitis en sí.
Es el miedo a ser vista.
Desvestirme frente a mi pareja. Probarme ropa en un vestidor con esa luz horrible. Las reuniones familiares donde siempre alguien comenta sobre tu cuerpo.
Si eres latina, me entiendes. Los apodos — "gordita", "flaca" — que se dicen como chiste pero duelen profundamente.
Así que haces lo único que puedes hacer: sigues intentando.